Durante décadas, los cuentos y las películas nos enseñaron que el héroe era el modelo a seguir: noble, justo, valiente y por supuesto, bueno. Pero algo cambió. Hoy, el público parece suspirar más por el villano que por el héroe. Ya no queremos a la princesa perfecta ni al príncipe que salva el día; queremos entender al brujo o monstruo. Queremos saber qué lo llevó hasta ahí.