Por Mich Valenzuela
Aunque la individualidad, es el espacio donde ampliamos nuestras facultades naturales, habilidades, pasiones, y hasta talentos, no está peleada con el trabajo conjunto; al contrario, se potencia dentro de él.
El ser sociales es base para seguir nuestra naturaleza, donde ninguna idea nace aislada y donde nuestra existencia se desarrolla y enriquece gracias a las relaciones interpersonales y colectivas que construimos día con día.
Con significado desarrollado en “conjuntos de personas reunidas o concertadas para un fin”, la colectividad es una puerta directa en el pecho del ser humano, que si encuentra a otros con similitudes, abre sin dudar para lograr interactuar hasta el alma, a partir de pensamientos conectados. Es, en esencia, la capacidad de ampliar lo que somos a través de lo que compartimos.
La música, la pintura, el baile, desde los clásicos como el ballet o urbanos como el hip hop, además de todas las prácticas culturales que heredamos y transformamos, han servido desde bastante tiempo atrás como un puente de conexión entre la gente para crear desde el corazón. Y lo mismo sucede con temas aparentemente cotidianos, como la comida, la salud mental o la economía. Todo aquello que se conversa desde un sentido comunal construye un espacio fértil para crear juntos.
Y hay que decirlo, aunque el tema puede funcionar por sí solo, ¿dónde queda la magia? ¿esa que es necesaria para que cualquier visión, proyecto o idea crezca con brillo, con mucho poder? La magia está en el encuentro: en un equipo que se escucha, se impulsa y es capaz de convertir bocetos mentales en realidades palpables.

Y es que, la colectividad está en todas partes.
Desde los programas de televisión matutinos que te acompañan día a día, en donde cada rostro frente a la cámara es posible gracias a decenas de manos detrás, hasta la miscelánea de tu colonia, donde el dueño necesita de los proveedores para crecer su negocio, creando una red silenciosa pero sólida que les permite sostenerse mutuamente y prosperar.
En este mes, Somos Encore incita a los lectores a seguir fortaleciendo el sentimiento de trabajar en comunidad, de apoyarse mutuamente, reconociendo que todos tenemos oportunidad de ingresar a un equipo, cada individuo tiene algo que aportar, y que cada individuo guarda un talento que no solo merece mostrarse, sino que puede transformar los proyectos en los que se involucra.
Para llevar este proyecto hacia los ojos de cada usuario, se necesita la cabeza central del director editorial, que junto al apoyo leal su editor en jefe, de las instrucciones necesarias a su producción, coordinación, asistentes generales, quienes igualmente guiarán a sus redactores, diseñadores, editores y fotógrafos. Cada uno aporta una pieza esencial del rompecabezas, y es precisamente esa suma lo que convierte las ideas en una revista viva, vibrante y en constante evolución.
Hoy más que nunca, donde crear en comunidad es un acto de poder, deseamos que este mes nos encuentre tejiendo puentes, sumando voces y recordando que lo colectivo no es una excepción, sino nuestra verdadera naturaleza. Porque ninguna idea crece sola y ningún talento florece en silencio, reafirmemos la fuerza de crear juntos.
En Somos Encore —y en cada espacio donde alguien comparte lo que sabe— recordamos que la grandeza se multiplica cuando se comparte.
Sigamos fortaleciendo la colectividad, no como un concepto, sino como una forma de vivir y de impulsar lo que somos.

